domingo, 2 de octubre de 2016

El divorcio y los chismes

¿En qué se parece el divorcio de una pareja de actores multimillonarios, al de las parejas comunes y corrientes?
Tu separación, la de tu prima, la de la vecina de al lado, puede tener en común con el divorcio de Brad Pitt y Angelina Jolie una, varias, o todas estas cosas:
-La batalla legal por la tenencia de los hijos.
-Una orden de exclusión fruto de una denuncia por maltrato y abuso de sustancias prohibidas.
-La exposición de las miserias y secretos íntimos.
-La sospecha ajena de que hay un tercero/a en discordia.
-Los chismes que circulan sobre ambos.
Cuando la pareja que se separa es famosa, es la prensa la que se encarga de especular sobre todas estas cuestiones para mantener “informados” a los seguidores o detractores. Y lo que no se puede averiguar se inventa. Entonces, la que hasta hace poco era una madre ejemplar ahora es una loca desquiciada que no le inculca hábitos decentes a sus hijos, y el que hasta hace poco era un padre protector ahora es un verdugo que intenta disciplinarlos a las trompadas.
Cualquier similitud con lo que le pasa a la gente común y corriente, no es coincidencia. Sólo cambia el alcance de las noticias, nomás, que en algunos casos da la vuelta al mundo y en otros sólo llega hasta la plaza del barrio. Pero siempre habrá quien opine desde afuera, se meta en la intimidad ajena, divulgue secretos, invente patrañas.

¿Qué puede hacer una R.S para contrarrestar, aunque sea un poquito, la proliferación de chismes y chismosos a su alrededor?
En primer lugar, tener mucho cuidado con la manera en que informa que se ha separado.
En “Manual de instrucciones pararecién separadas” hay un capítulo entero dedicado a la manera de comunicar el nuevo estado a los demás, sean parientes, amigos, simples conocidos o desconocidos, sin olvidarse de los propios hijos.
Pero como estamos hablando específicamente de los chismes, les copio acá un fragmento en el que se menciona esa cuestión y cómo evitarla o minimizarla:

Las chusmas del barrio contarán mil historias, reales o inventadas pero siempre exageradas, sobre usted y su ex. No hable con ellas. Cualquier intento por explicar algo sólo generará nuevas historias que circularán prontamente de vereda en vereda, del almacén a la verdulería, de una venenosa boca a una ansiosa oreja, por unos cuantos meses o años.
Los jefes, clientes, proveedores, y toda otra relación profesional, laboral o comercial, deberán ser informados sólo si es estrictamente necesario, sin el más mínimo detalle y esforzándose por dar su imagen más serena, más equilibrada y más cuerda. Que no la vean llorosa, desarreglada ni nada parecido, y no insulte a su ex por teléfono en presencia de esta gente, por favor.
No espere comprensión de los varones; su debilidad puede darles ventaja, así que NO LA DEMUESTRE. Especialmente en el trabajo: si quiere ver cómo su jefe, a quien siempre consideró como un padre, se transforma en un maníaco sexual, háblele de lo sola que se siente, por ejemplo.
Más de un caballero dejará de serlo, si usted no marca el límite con un muro de hielo y una pared de independencia. Ahora más que nunca deberá tener en cuenta esa regla de oro que yo heredé de mi abuelo, y seguramente usted también: allí donde se come, no se caga. Se lo digo bien claro, para que lo medite y vea si la satisfacción efímera de su vanidad femenina haciendo calentar a esos señores es tan importante como para perder su prestigio laboral, profesional o comercial. Y ni que hablar del odio que puede generar en las esposas y novias de esos hombres, que correrán en banda a pinchar muñequitos con su nombre. No se asombre si un día no puede levantarse de la cama.

Tampoco espere comprensión de las mujeres casadas, sobre todo sin son maestras de sus hijos, mamás de los compañeritos, catequistas, miembros de la cooperadora, porque lo más seguro es que cuando se enteren la miren con espanto, como si nunca hubieran visto una R.S. No les diga nada, y listo. Se enterarán igual, pero que no sea por usted.
Y haga de cuenta que no ve sus miradas desconfiadas, ni sus aires de superioridad por ser "señoras de". No a todas, pero a muchas mujeres el hecho de retener a un hombre les estrecha la mente. No entienden nada, no comprenden nada, no piensan. Algunas maestras suelen ser hasta sutilmente crueles con las mujeres separadas y sus hijos: a veces, más que llamar a la mamá para hablar de un problema de conducta del hijo, pareciera que la llaman para chusmear nomás.
Usted, firme, serena, equilibrada. Como la mar en calma. Como la luna llena. Arriba esa frente, que no robó nada y que no estafó a nadie. Y que se las aguanten sin sus explicaciones.

Resumiendo: ya sea con parientes, amigos, conocidos u otros, nada como comunicar su nuevo estado tipo telegrama, o con un telegrama, en lo posible.

TIPS
autodefensivos
a la hora de hablar de la separación


* No busque compasión, apoyo ni hombros donde llorar porque eso genera dependencia, la hace quedar como una boba y le abre la puerta a la gente metida.
* No se muestre como víctima, si no quiere que hablen de usted comola cornuda,la boludaola pobre infeliz.
* Si necesita hablar, elija de entre sus más íntimos uno o dos, de esos que no se meten y saben escuchar sin dar sermones, y ahí hable tranquila de sus cosas.
* Desahogarse con la persona adecuada es casi terapéutico, pero con cualquier otro puede llegar a ser nefasto. ¿Puede entenderla su tía Juana, que va a misa dos veces por día, es solterona y agria como vino picado? No, no puede. ¿Puede entenderla su prima Sabrina, que cambia de novio todas las semanas y se va de luna de miel seis veces al año? No, no puede.
* Tenga mucho, muchísimo cuidado con las "separadas solidarias": si son venenosas, son las peores orejas del planeta.
* Mejor hable con el gato, el canario o el espejo, para no errarle.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Cómo vender libros en una feria

¡Y seguimos vendiendo el Manual en ferias!
Ahora estoy en la Feria de Microemprendedores de Río Ceballos, en la plaza de los Artesanos.
Me armé un puesto liviano, plegable y muy creativo con un tendedero de ropa y un caño de plástico de esos que se usan para las instalaciones de agua corriente, con el que hice un arco para sostener la lámpara. Todo revestido en tela, para que no se vea lo que hay debajo. Vean cómo quedó:



Al principio me sentía muy ansiosa. Los primeros días, me pasé las cuatro o cinco horas que dura la feria parada y atenta, buscando la manera de atraer a los que se arrimaran al puesto. Eso, más la caminata de ida y vuelta con la mochila al hombro, ¡me dejó de cama! Después me relajé, empecé a sentarme cuando no hay gente y ahora me estoy llevando algo para hacer, así se me pasa más rápido el tiempo.
El primer día no vendí nada, el segundo tampoco. Al tercer día se me ocurrió invocarlo a mi papá, que además de fabricar zapatos era muy buen vendedor. A papá le encantaba vender, y más cuando vendía sus zapatos porque estaba realmente orgulloso de lo que hacía. Así que miré al cielo y le dije: ¡Gordo, ayudame a vender el libro!
Y el Gordo me ayudó: ya vendí varios libros, y lo mejor de todo es que me animé a vender, me animé a mostrar el orgullo que siento por mi libro, a mostrar cuánto lo quiero y con cuanto amor lo escribí y lo edité.

Sé que el Manual gusta, y es útil, y eso me da argumentos para ofrecerlo y conversar con la gente. Si consigo que hojeen en libro y lean algún párrafo, es casi seguro que lo compran. Y los que no lo compran me desean suerte y me felicitan, que no es poca cosa.
Entre ayer y hoy, vendí dos ebooks: uno en Ecuador y otro en México. No sé cómo haré para cobrar el dinero de Paypal porque tendría que tener una cuenta en EEUU, así que de momento consideraré las ventas fuera del país como un ahorro, lo importante es que las lectoras que no pueden acceder a la edición impresa puedan acceder al ebook.
Qué más puedo decir... estoy feliz con mi caminito de hormiga, llevando mi libro de la mano paso a paso. Cuando por fin se largue solo a caminar, sé que le hará bien a muchísimas mujeres.
Lo mío no es ego, ni soberbia: es la convicción de que escribí un buen libro, que propone otra manera de pensar y de relacionarse con uno mismo y con los demás. ¡Así que allá vamos!