¡Y seguimos vendiendo el Manual en ferias!
Ahora estoy en la Feria de Microemprendedores de Río Ceballos, en la plaza de los Artesanos.
Me armé un puesto liviano, plegable y muy creativo con un tendedero de ropa y un caño de plástico de esos que se usan para las instalaciones de agua corriente, con el que hice un arco para sostener la lámpara. Todo revestido en tela, para que no se vea lo que hay debajo. Vean cómo quedó:
Al principio me sentía muy ansiosa. Los primeros días, me pasé las cuatro o cinco horas que dura la feria parada y atenta, buscando la manera de atraer a los que se arrimaran al puesto. Eso, más la caminata de ida y vuelta con la mochila al hombro, ¡me dejó de cama! Después me relajé, empecé a sentarme cuando no hay gente y ahora me estoy llevando algo para hacer, así se me pasa más rápido el tiempo.
El primer día no vendí nada, el segundo tampoco. Al tercer día se me ocurrió invocarlo a mi papá, que además de fabricar zapatos era muy buen vendedor. A papá le encantaba vender, y más cuando vendía sus zapatos porque estaba realmente orgulloso de lo que hacía. Así que miré al cielo y le dije: ¡Gordo, ayudame a vender el libro!
Y el Gordo me ayudó: ya vendí varios libros, y lo mejor de todo es que me animé a vender, me animé a mostrar el orgullo que siento por mi libro, a mostrar cuánto lo quiero y con cuanto amor lo escribí y lo edité.
Sé que el Manual gusta, y es útil, y eso me da argumentos para ofrecerlo y conversar con la gente. Si consigo que hojeen en libro y lean algún párrafo, es casi seguro que lo compran. Y los que no lo compran me desean suerte y me felicitan, que no es poca cosa.
Entre ayer y hoy, vendí dos ebooks: uno en Ecuador y otro en México. No sé cómo haré para cobrar el dinero de Paypal porque tendría que tener una cuenta en EEUU, así que de momento consideraré las ventas fuera del país como un ahorro, lo importante es que las lectoras que no pueden acceder a la edición impresa puedan acceder al ebook.
Qué más puedo decir... estoy feliz con mi caminito de hormiga, llevando mi libro de la mano paso a paso. Cuando por fin se largue solo a caminar, sé que le hará bien a muchísimas mujeres.
Lo mío no es ego, ni soberbia: es la convicción de que escribí un buen libro, que propone otra manera de pensar y de relacionarse con uno mismo y con los demás. ¡Así que allá vamos!
Mostrando entradas con la etiqueta el libro. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 9 de marzo de 2016
miércoles, 23 de diciembre de 2015
¡Debuté como vendedora de feria!
El 20 de diciembre de 2015, con los libros recién salidos del horno fuimos a probar suerte a una feria en Río Ceballos, en el paseo de Villa Matilde.¡Esto de ser autora, editora y vendedora es un todo un desafío!
Al puesto lo instaló mi hija, porque yo ese día tenía la última clase de mi capacitación de Coaching ontológico. Cuando llegué, ya había vendido tres libros así que la alegría fue doble, por la venta y por lo lindo que había decorado el puesto. ¡Es de fierro, mi hija!
Me encantó la experiencia, las ferias de artesanos y microemprendedores tienen una onda especial, uno está rodeado de cosas bellas y de gente creativa. Y ver las caras de los visitantes cuando leían el título del libro y veían la tapa fue enriquecedor y motivador: muchas sonrisas, hombres y mujeres a los que les producía curiosidad pero que no se animaban a leer un poquito... y alguna que otra cara de vinagre. Siempre hay gente con cara de vinagre, es inevitable. Pero las expresiones alegres y los gestos de aprobación fueron mayoría absoluta.
Con la ayuda de mi amiga Elsa, convencimos a una señora de que el libro estaba espectacular y se lo llevó. Y una vecina casada, que no sabía que yo era escritora, lo compró por curiosidad, para ver como escribo.Las bolsitas de tela fueron una excelente idea, que llamó la atención.
Vendimos 5 libros, y por si fuera poco, nos divertimos con amigas que le pusieron buena onda y energía positiva a la tarde. Las fotos hablan por sí solas de lo bien que la pasamos...
viernes, 18 de diciembre de 2015
¡Llegó la edición en papel!
El miércoles 16 de diciembre de 2015 llegaron desde Buenos Aires los 300 libros de la 2a. edición corregida y aumentada.
¡No les puedo explicar la emoción que sentí!
No pude esperar a entrarlos a la casa, abrí una caja en la puerta y los vi, hermosos, tal como los había soñado...
Ahí nomás me puse a sacar las primeras fotos.
Confieso que además de contenta, estaba un poquito asustada.
Les cuento: hice una edición de autor en La Imprenta Digital, una imprenta de Buenos Aires que se especializa en imprimir libros. La elegí porque tenía buenas referencias, pero sobre todo por el costo: tienen los mejores precios del mercado, ¡y lo podía pagar en 12 cuotas sin interés con tarjeta de crédito!
Así que me puse las pilas, pedí ayuda para lo que no sabía hacer y cuando tuve todo listo, allá fue.
En La Imprenta Digital se pasaron, hicieron un trabajo excelente, me trataron de diez y cumplieron con el plazo previsto, y en tres semanas tuve el libro entre mis manos.
ponerle un poco más de mí, y se me ocurrió lo de las bolsitas.
Otro gran acierto: gustaron muchísimo.
¿Por qué estaba asustada cuando por fin recibí los libros? ¡Porque los tenía que vender yo sola! Las imprentas no hacen distribución, sólo imprimen, y la distribución y venta corren por cuenta del autor.
¡Tremendo el desafío!
Pero acá estamos, y allá vamos.
Continuará...
jueves, 10 de diciembre de 2015
No es fácil ser padre cama afuera
(Fragmento de "Manual de instrucciones para recién separadas")
Los hombres sufren. Póngase en el lugar de
ellos y dígame cómo se sentiría usted si de un día para el otro llegara a una
casa donde ya no la reciben sus hijos, y no pudiera ir a darles el beso de las
buenas noches antes de irse a dormir, y no pudiera compartir con ellos el
desayuno, el almuerzo, la cena. Eso les pasa a los hombres cuando se separan: dejan de estar donde los
chicos viven y crecen, donde hacen las tareas de la escuela todos los días,
donde juegan con sus amigos, donde miran televisión. Un padre que ame a sus
hijos no puede menos que desesperarse al darse cuenta de todo lo que se pierde,
y al comprender que de ahora en más sólo participará en su educación unas pocas
horas a la semana. Si yo fuera hombre, no lo soportaría.
El hombre queda supeditado a lo que su ex mujer quiera sembrar en
sus hijos, y convengamos que en algunos casos la maldad (o estupidez) femeninas
no tienen límite. Ella está con los chicos todos los días, a toda hora,
alimentando o envenenando sus corazones; él sólo tiene, con suerte, el fin de
semana para seguir conociéndolos, para hacerles ver que tienen un padre. Es una
tarea ardua, por lo que muchos terminan desanimándose y viendo a sus hijos cada
vez menos.
El abandono masculino de la prole no siempre se da por desamor, a
veces es consecuencia de la impotencia o la culpa que sienten al no poder
ajustarse a su nuevo rol de “papá cama afuera”. Esto se da principalmente cuando
la separación es conflictiva y su ex mujer se muestra intransigente, o les
mezquina los hijos, o los utiliza como botín de guerra, o los pone en contra de
su papá.
No es un invento mío. Me lo han confesado unos cuantos hombres:
prefieren sufrir por no ver a sus hijos, antes que sufrir por verlos poco y
mal. Es una solución extrema, inmadura, dolorosa para todos y muy, muy
discutible, pero es lo que sienten. Si a esto le sumamos que los modelos de
paternidad y de pareja han cambiado mucho en los últimos tiempos, y que hay
hombres que no han sabido adaptarse, no es de extrañar que terminen haciendo lo
que no deben.
¿Y a mí qué me importa?, me dirá usted. ¡No quiere a
sus hijos, por eso no viene a buscarlos!
¿Y si no fuera así? ¿Y si los quiere, pero no sabe qué hacer estando
solo con ellos, no sabe cómo demostrarles su cariño? Si le ha tocado un ex que
no se ocupa de los chicos, trate de hablar con él y preguntarle qué le pasa.
Pero bien, como si en lugar de su ex fuera su hermano. Y si lo tiene que
ayudar, ayúdelo. Si no lo quiere hacer por él, hágalo por sus hijos, pero
busque la manera de que ese hombre QUE ESTÁ EN CRISIS (no olvide ese detalle)
pueda reencauzar su paternidad.
Las mujeres hablamos de nuestras cosas con las amigas, madres,
hermanas, compañeras de trabajo y con cuanta oreja se nos cruce; los hombres generalmente
no, ellos hablan de fútbol, del trabajo, de política, pero no de sus
sentimientos, y eso en lugar de hacerlos más fuertes los vuelve más
vulnerables.
Todavía quedan hombres que conocen una sola forma de demostrar su
amor por su familia: trabajar duro para que no les falte nada. El dinero, y
todo lo que se puede comprar con él (un buen colegio, medicina prepaga,
vacaciones, etc.) se convierte en la mayor preocupación, y el resto queda para
después. Estos hombres suelen tener serios problemas cuando se separan, porque
casi nunca entienden que su ex esposa, o sus hijos, les echen en cara la falta
de diálogo o el poco tiempo que les dedicó mientras estaban juntos. El hombre
proveedor, ejemplar masculino casi en extinción entre las nuevas generaciones,
de verdad no consigue ver en qué falló: ¡Si les dio todo! ¡Si se desvivía por
su familia! Y se siente muy solo, incomprendido, y víctima de una terrible
injusticia.
Sufren, los hombres. Hasta el que se fue con otra sufre, si tiene
hijos. Porque salvo el que se sacó la lotería encontrando una mujer
comprensiva, que no se entrometa y que quiera a sus chicos, el resto debe
padecer las zancadillas, caprichos y maldades de “la nueva”, que en muchos
casos nada tiene que envidiarle a la madrastra de Cenicienta.
Pobre tipo.
Él está convencido de que su
flamante novia es la mar de dulzura porque le limpió los mocos al nene, y ella
no ve la hora de que devuelva el monstruito inmundo para que la lleve al cine.
Él se enternece viendo como
ella le lee un cuento al más chiquito, y ella se saltea un renglón porque está
pensando cómo darle un somnífero para que se duerma de una buena vez.
Él piensa que encontró una
segunda madre para sus hijos, y ella no ve la hora de tener sus propios hijos
para desbancar a los de él.
Así somos de cínicas a veces, las mujeres...
viernes, 11 de septiembre de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
Cómo hablar con los hijos sobre la separación
(Fragmento de "Manual de instrucciones para recién separadas")
Acá me pongo seria y se lo digo en
verso, para que se le grabe mejor:
Cuando hables con tu hijo,
cuando debas decirle
que papá no está en casa
ni volverá mañana,
que no hable por tu boca
la mujer despechada,
la mujer resentida,
la mujer humillada.
Que no hable por tu boca
la hembra desamparada
que se ha quedado sola
con su cría indefensa.
Que hable la novia alegre
la novia enamorada,
la de las ilusiones,
la de las esperanzas...
Para hablar con sus
hijos piense, en primer lugar, que alguna vez amó a su ex. Al padre de sus hijos. Y a partir de ese amor, finado o no, hable
con ellos, sin meterse en detalles "de pareja" que sus hijos no
pueden comprender.
TIPS
piadosos
para preservar a sus hijos
* No les hable mal del padre, eso les
duele, y no creo que quiera lastimarlos. No va a conseguir que dejen de
quererlo a él para quererla más a usted. No es sano buscar eso.
* Hábleles dulcemente, trasmitiéndoles
tranquilidad. Hágales comprender que todo el mundo se pelea: ellos se pelean
con sus amiguitos, por ejemplo, cuando no se ponen de acuerdo. Pero cuando una pareja no puede ponerse de
acuerdo y no encuentra la forma de convivir en paz, a veces lo mejor es
separarse, para no hacerse daño.
* Mastique toda su bronca y tráguesela,
pero no se la pase a sus hijos. Y cuando ellos pregunten algo, piense antes de
contestar: que su respuesta sea razonable y razonada, no fruto de sus
sentimientos de impotencia y frustración. Se supone que usted quiere hijos
sanos, no traumados adictos al siquiatra.
* Actúe y hable pensando en ellos, en
como va a repercutir en su futuro todo lo que diga o haga. Usted es el adulto,
la seguridad, el ejemplo; no se asuste y salga corriendo para cualquier lado.
Yo no digo que ande hecha unas
pascuas todo el día, como diciendo "que feliz que estoy, acá no pasó
nada". Claro que pasó, y mucho. Lo indicado sería que los chicos
comprendan que separarse duele, que es una decisión que no se toma a la ligera
porque involucra a toda la familia; no oculte su dolor, pero no saque a flote
sus malos sentimientos, su ira, sus celos, su desengaño, ni empiece a tirar
culpas ni a revolver el pasado cuando se toque el tema con sus hijos.
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