viernes, 8 de septiembre de 2017

La pasión, el dolor y los diamantes

Las maduritas, digamos de más de 50, seguramente se acuerdan de un galán que supo conquistar el corazón de su mujer no una, sino ¡siete veces! y que formó con ella una de las parejas más tumultuosas de todos los tiempos. 
Estoy hablando, nada más y nada menos, que de Richard Burton, el reincidente marido de Elizabeth Taylor. Liz Taylor, la de los ojos color turquesa. 
Pues bien, este caballero, salvando las distancias, era lo más parecido a cualquier marido del mundo. Sólo que, para hacerse perdonar sus tropelías, en lugar de regalar flores o bombones regalaba diamantes. Gordos, pulidos y carísimos diamantes. 
Era como los patos criollos (un pasito, una cagada; un pasito, una cagada), pero en versión millonaria: un diamante, una cagada.
Y mientras tanto Liz, la pobre Liz, amontonaba piedras azules engarzadas en anillos, collares, pulseras, algo que para muchas podría ser motivo de envidia... pero sufría igual que la almacenera de la esquina, o cualquier mujer que haya tenido que aguantar a un bebedor, mujeriego o jugador empedernido. 
Porque con diamantes o sin diamantes, el dolor sigue siendo el mismo. 
¿Y que hacía Liz para olvidar el dolor de las separaciones, y para intentar sostener la euforia de las reconciliaciones? Le daba al trago. O a las pastillas. Igualito que muchas, demasiadas, mujeres en su misma situación.

Parejas apasionadas, dicen algunos. Parejas enfermas, dicen otros.
¿Dónde estará el límite entre la pasión y la enfermedad?
Creo, modestamente, que en el dolor.
La pasión es una pulsión vital, conecta con la vida, la alegría de vivir, el sexo pleno, la entrega, la generosidad. Una pareja apasionada es una pareja que se come a besos, que hace el amor sobre la mesada de la cocina, que recorre el país con una mochila al hombro y sin un peso pero juntos, que disfruta el sol, la lluvia y los desafíos. Que le pone el pecho a la vida y duerme desnuda, sin ropa y sin miedo.

Cuando hay dolor, cuando la relación nos lleva al dolor, al maltrato, a los celos, a la pérdida de la identidad, nos estamos metiendo en una relación enferma. 

martes, 13 de junio de 2017

En el día del escritor, un regalo para mis lectores

Hoy 13 de junio es el día del escritor en Argentina, y como últimamente ando bastante loca se me ocurrió hacerle un regalo a los lectores de mis dos blogs, para festejar mi día.
 Y qué mejor regalo que mi libro, me dije.
Así que acá va, junto con unas palabras sobre por qué y para qué escribo. Sólo tienen que entrar en este enlace:

Hoy hasta las 24, descargá GRATIS "Manual de instrucciones para recién separadas"

 Lo único que les pido es que después de leerlo me hagan llegar sus comentarios aquí en el blog, o por mail, como prefieran. Abrazos y gracias por estar ahí, del otro lado de la pantalla.

domingo, 2 de octubre de 2016

El divorcio y los chismes

¿En qué se parece el divorcio de una pareja de actores multimillonarios, al de las parejas comunes y corrientes?
Tu separación, la de tu prima, la de la vecina de al lado, puede tener en común con el divorcio de Brad Pitt y Angelina Jolie una, varias, o todas estas cosas:
-La batalla legal por la tenencia de los hijos.
-Una orden de exclusión fruto de una denuncia por maltrato y abuso de sustancias prohibidas.
-La exposición de las miserias y secretos íntimos.
-La sospecha ajena de que hay un tercero/a en discordia.
-Los chismes que circulan sobre ambos.
Cuando la pareja que se separa es famosa, es la prensa la que se encarga de especular sobre todas estas cuestiones para mantener “informados” a los seguidores o detractores. Y lo que no se puede averiguar se inventa. Entonces, la que hasta hace poco era una madre ejemplar ahora es una loca desquiciada que no le inculca hábitos decentes a sus hijos, y el que hasta hace poco era un padre protector ahora es un verdugo que intenta disciplinarlos a las trompadas.
Cualquier similitud con lo que le pasa a la gente común y corriente, no es coincidencia. Sólo cambia el alcance de las noticias, nomás, que en algunos casos da la vuelta al mundo y en otros sólo llega hasta la plaza del barrio. Pero siempre habrá quien opine desde afuera, se meta en la intimidad ajena, divulgue secretos, invente patrañas.

¿Qué puede hacer una R.S para contrarrestar, aunque sea un poquito, la proliferación de chismes y chismosos a su alrededor?
En primer lugar, tener mucho cuidado con la manera en que informa que se ha separado.
En “Manual de instrucciones pararecién separadas” hay un capítulo entero dedicado a la manera de comunicar el nuevo estado a los demás, sean parientes, amigos, simples conocidos o desconocidos, sin olvidarse de los propios hijos.
Pero como estamos hablando específicamente de los chismes, les copio acá un fragmento en el que se menciona esa cuestión y cómo evitarla o minimizarla:

Las chusmas del barrio contarán mil historias, reales o inventadas pero siempre exageradas, sobre usted y su ex. No hable con ellas. Cualquier intento por explicar algo sólo generará nuevas historias que circularán prontamente de vereda en vereda, del almacén a la verdulería, de una venenosa boca a una ansiosa oreja, por unos cuantos meses o años.
Los jefes, clientes, proveedores, y toda otra relación profesional, laboral o comercial, deberán ser informados sólo si es estrictamente necesario, sin el más mínimo detalle y esforzándose por dar su imagen más serena, más equilibrada y más cuerda. Que no la vean llorosa, desarreglada ni nada parecido, y no insulte a su ex por teléfono en presencia de esta gente, por favor.
No espere comprensión de los varones; su debilidad puede darles ventaja, así que NO LA DEMUESTRE. Especialmente en el trabajo: si quiere ver cómo su jefe, a quien siempre consideró como un padre, se transforma en un maníaco sexual, háblele de lo sola que se siente, por ejemplo.
Más de un caballero dejará de serlo, si usted no marca el límite con un muro de hielo y una pared de independencia. Ahora más que nunca deberá tener en cuenta esa regla de oro que yo heredé de mi abuelo, y seguramente usted también: allí donde se come, no se caga. Se lo digo bien claro, para que lo medite y vea si la satisfacción efímera de su vanidad femenina haciendo calentar a esos señores es tan importante como para perder su prestigio laboral, profesional o comercial. Y ni que hablar del odio que puede generar en las esposas y novias de esos hombres, que correrán en banda a pinchar muñequitos con su nombre. No se asombre si un día no puede levantarse de la cama.

Tampoco espere comprensión de las mujeres casadas, sobre todo sin son maestras de sus hijos, mamás de los compañeritos, catequistas, miembros de la cooperadora, porque lo más seguro es que cuando se enteren la miren con espanto, como si nunca hubieran visto una R.S. No les diga nada, y listo. Se enterarán igual, pero que no sea por usted.
Y haga de cuenta que no ve sus miradas desconfiadas, ni sus aires de superioridad por ser "señoras de". No a todas, pero a muchas mujeres el hecho de retener a un hombre les estrecha la mente. No entienden nada, no comprenden nada, no piensan. Algunas maestras suelen ser hasta sutilmente crueles con las mujeres separadas y sus hijos: a veces, más que llamar a la mamá para hablar de un problema de conducta del hijo, pareciera que la llaman para chusmear nomás.
Usted, firme, serena, equilibrada. Como la mar en calma. Como la luna llena. Arriba esa frente, que no robó nada y que no estafó a nadie. Y que se las aguanten sin sus explicaciones.

Resumiendo: ya sea con parientes, amigos, conocidos u otros, nada como comunicar su nuevo estado tipo telegrama, o con un telegrama, en lo posible.

TIPS
autodefensivos
a la hora de hablar de la separación


* No busque compasión, apoyo ni hombros donde llorar porque eso genera dependencia, la hace quedar como una boba y le abre la puerta a la gente metida.
* No se muestre como víctima, si no quiere que hablen de usted comola cornuda,la boludaola pobre infeliz.
* Si necesita hablar, elija de entre sus más íntimos uno o dos, de esos que no se meten y saben escuchar sin dar sermones, y ahí hable tranquila de sus cosas.
* Desahogarse con la persona adecuada es casi terapéutico, pero con cualquier otro puede llegar a ser nefasto. ¿Puede entenderla su tía Juana, que va a misa dos veces por día, es solterona y agria como vino picado? No, no puede. ¿Puede entenderla su prima Sabrina, que cambia de novio todas las semanas y se va de luna de miel seis veces al año? No, no puede.
* Tenga mucho, muchísimo cuidado con las "separadas solidarias": si son venenosas, son las peores orejas del planeta.
* Mejor hable con el gato, el canario o el espejo, para no errarle.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Cómo vender libros en una feria

¡Y seguimos vendiendo el Manual en ferias!
Ahora estoy en la Feria de Microemprendedores de Río Ceballos, en la plaza de los Artesanos.
Me armé un puesto liviano, plegable y muy creativo con un tendedero de ropa y un caño de plástico de esos que se usan para las instalaciones de agua corriente, con el que hice un arco para sostener la lámpara. Todo revestido en tela, para que no se vea lo que hay debajo. Vean cómo quedó:



Al principio me sentía muy ansiosa. Los primeros días, me pasé las cuatro o cinco horas que dura la feria parada y atenta, buscando la manera de atraer a los que se arrimaran al puesto. Eso, más la caminata de ida y vuelta con la mochila al hombro, ¡me dejó de cama! Después me relajé, empecé a sentarme cuando no hay gente y ahora me estoy llevando algo para hacer, así se me pasa más rápido el tiempo.
El primer día no vendí nada, el segundo tampoco. Al tercer día se me ocurrió invocarlo a mi papá, que además de fabricar zapatos era muy buen vendedor. A papá le encantaba vender, y más cuando vendía sus zapatos porque estaba realmente orgulloso de lo que hacía. Así que miré al cielo y le dije: ¡Gordo, ayudame a vender el libro!
Y el Gordo me ayudó: ya vendí varios libros, y lo mejor de todo es que me animé a vender, me animé a mostrar el orgullo que siento por mi libro, a mostrar cuánto lo quiero y con cuanto amor lo escribí y lo edité.

Sé que el Manual gusta, y es útil, y eso me da argumentos para ofrecerlo y conversar con la gente. Si consigo que hojeen en libro y lean algún párrafo, es casi seguro que lo compran. Y los que no lo compran me desean suerte y me felicitan, que no es poca cosa.
Entre ayer y hoy, vendí dos ebooks: uno en Ecuador y otro en México. No sé cómo haré para cobrar el dinero de Paypal porque tendría que tener una cuenta en EEUU, así que de momento consideraré las ventas fuera del país como un ahorro, lo importante es que las lectoras que no pueden acceder a la edición impresa puedan acceder al ebook.
Qué más puedo decir... estoy feliz con mi caminito de hormiga, llevando mi libro de la mano paso a paso. Cuando por fin se largue solo a caminar, sé que le hará bien a muchísimas mujeres.
Lo mío no es ego, ni soberbia: es la convicción de que escribí un buen libro, que propone otra manera de pensar y de relacionarse con uno mismo y con los demás. ¡Así que allá vamos!

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¡Debuté como vendedora de feria!

El 20 de diciembre de 2015, con los libros  recién salidos del horno fuimos a probar suerte a una feria en Río Ceballos, en el paseo de Villa Matilde.

¡Esto de ser autora, editora y vendedora es un todo un desafío!
Al puesto lo instaló mi hija, porque yo ese día tenía la última clase de mi capacitación de Coaching ontológico. Cuando llegué, ya había vendido tres libros así que la alegría fue doble, por la venta y por lo lindo que había decorado el puesto. ¡Es de fierro, mi hija!

Me encantó la experiencia, las ferias de artesanos y microemprendedores tienen una onda especial, uno está rodeado de cosas bellas y de gente creativa. Y ver las caras de los visitantes cuando leían el título del libro y veían la tapa fue enriquecedor y motivador: muchas sonrisas, hombres y mujeres a los que les producía curiosidad pero que no se animaban a leer un poquito... y alguna que otra cara de vinagre. Siempre hay gente con cara de vinagre, es inevitable. Pero las expresiones alegres y los gestos de aprobación fueron mayoría absoluta.

Con la ayuda de mi amiga Elsa, convencimos a una señora de que el libro estaba espectacular y se lo llevó. Y una vecina casada, que no sabía que yo era escritora, lo compró por curiosidad, para ver como escribo.
Las bolsitas de tela fueron una excelente idea, que llamó la atención.
Vendimos 5 libros, y por si fuera poco, nos divertimos con amigas que le pusieron buena onda y energía positiva a la tarde. Las fotos hablan por sí solas de lo bien que la pasamos...











viernes, 18 de diciembre de 2015

¡Llegó la edición en papel!




El miércoles 16 de diciembre de 2015 llegaron desde Buenos Aires los 300 libros de la 2a. edición corregida y aumentada.
¡No les puedo explicar la emoción que sentí!

No pude esperar a entrarlos a la casa, abrí una caja en la puerta y los vi, hermosos, tal como los había soñado...
El tamaño, ideal para llevar en la cartera. La tapa era un derroche de color, y tal como pude comprobar apenas empecé a mostrarlos, el diseño fue un acierto, es llamativo pero no agresivo, causa gracia y curiosidad.
Ahí nomás me puse a sacar las primeras fotos.

Confieso que además de contenta, estaba un poquito asustada.

Les cuento: hice una edición de autor en La Imprenta Digital, una imprenta de Buenos Aires que se especializa en imprimir libros. La elegí porque tenía buenas referencias, pero sobre todo por el costo: tienen los mejores precios del mercado, ¡y lo podía pagar en 12 cuotas sin interés con tarjeta de crédito!
Hacer el libro en una imprenta en lugar de hacerlo en una editorial, significa que tenía que encargarme de todo yo sola: el diseño de la tapa y de interior. Pero eso, que puede parecer complicado, en realidad tiene una gran ventaja: el autor es dueño absoluto del libro, lo diseña como quiere, con la letra y el formato que quiere, y con la tapa que más le guste.
Así que me puse las pilas, pedí ayuda para lo que no sabía hacer y cuando tuve todo listo, allá fue.
En La Imprenta Digital se pasaron, hicieron un trabajo excelente, me trataron de diez y cumplieron con el plazo previsto, y en tres semanas tuve el libro entre mis manos.

Mientras esperaba los libros,  me puse a coser las bolsitas en que los entregaría. Quería darle un toque diferente y personal, quería
ponerle un poco más de mí, y se me ocurrió lo de las bolsitas.
Otro gran acierto: gustaron muchísimo.

¿Por qué estaba asustada cuando por fin recibí los libros? ¡Porque los tenía que vender yo sola! Las imprentas no hacen distribución, sólo imprimen, y la distribución y venta corren por cuenta del autor.
¡Tremendo el desafío!
Pero acá estamos, y allá vamos.
Continuará...













jueves, 10 de diciembre de 2015

No es fácil ser padre cama afuera

(Fragmento de "Manual de instrucciones para recién separadas")

Los hombres sufren. Póngase en el lugar de ellos y dígame cómo se sentiría usted si de un día para el otro llegara a una casa donde ya no la reciben sus hijos, y no pudiera ir a darles el beso de las buenas noches antes de irse a dormir, y no pudiera compartir con ellos el desayuno, el almuerzo, la cena. Eso les pasa a los hombres  cuando se separan: dejan de estar donde los chicos viven y crecen, donde hacen las tareas de la escuela todos los días, donde juegan con sus amigos, donde miran televisión. Un padre que ame a sus hijos no puede menos que desesperarse al darse cuenta de todo lo que se pierde, y al comprender que de ahora en más sólo participará en su educación unas pocas horas a la semana. Si yo fuera hombre, no lo soportaría.
El hombre queda supeditado a lo que su ex mujer quiera sembrar en sus hijos, y convengamos que en algunos casos la maldad (o estupidez) femeninas no tienen límite. Ella está con los chicos todos los días, a toda hora, alimentando o envenenando sus corazones; él sólo tiene, con suerte, el fin de semana para seguir conociéndolos, para hacerles ver que tienen un padre. Es una tarea ardua, por lo que muchos terminan desanimándose y viendo a sus hijos cada vez menos.
El abandono masculino de la prole no siempre se da por desamor, a veces es consecuencia de la impotencia o la culpa que sienten al no poder ajustarse a su nuevo rol de “papá cama afuera”. Esto se da principalmente cuando la separación es conflictiva y su ex mujer se muestra intransigente, o les mezquina los hijos, o los utiliza como botín de guerra, o los pone en contra de su papá.
No es un invento mío. Me lo han confesado unos cuantos hombres: prefieren sufrir por no ver a sus hijos, antes que sufrir por verlos poco y mal. Es una solución extrema, inmadura, dolorosa para todos y muy, muy discutible, pero es lo que sienten. Si a esto le sumamos que los modelos de paternidad y de pareja han cambiado mucho en los últimos tiempos, y que hay hombres que no han sabido adaptarse, no es de extrañar que terminen haciendo lo que no deben.
¿Y a mí qué me importa?, me dirá usted. ¡No quiere a sus hijos, por eso no viene a buscarlos!
¿Y si no fuera así? ¿Y si los quiere, pero no sabe qué hacer estando solo con ellos, no sabe cómo demostrarles su cariño? Si le ha tocado un ex que no se ocupa de los chicos, trate de hablar con él y preguntarle qué le pasa. Pero bien, como si en lugar de su ex fuera su hermano. Y si lo tiene que ayudar, ayúdelo. Si no lo quiere hacer por él, hágalo por sus hijos, pero busque la manera de que ese hombre QUE ESTÁ EN CRISIS (no olvide ese detalle) pueda reencauzar su paternidad.
Las mujeres hablamos de nuestras cosas con las amigas, madres, hermanas, compañeras de trabajo y con cuanta oreja se nos cruce; los hombres generalmente no, ellos hablan de fútbol, del trabajo, de política, pero no de sus sentimientos, y eso en lugar de hacerlos más fuertes los vuelve más vulnerables.
Todavía quedan hombres que conocen una sola forma de demostrar su amor por su familia: trabajar duro para que no les falte nada. El dinero, y todo lo que se puede comprar con él (un buen colegio, medicina prepaga, vacaciones, etc.) se convierte en la mayor preocupación, y el resto queda para después. Estos hombres suelen tener serios problemas cuando se separan, porque casi nunca entienden que su ex esposa, o sus hijos, les echen en cara la falta de diálogo o el poco tiempo que les dedicó mientras estaban juntos. El hombre proveedor, ejemplar masculino casi en extinción entre las nuevas generaciones, de verdad no consigue ver en qué falló: ¡Si les dio todo! ¡Si se desvivía por su familia! Y se siente muy solo, incomprendido, y víctima de una terrible injusticia.

Sufren, los hombres. Hasta el que se fue con otra sufre, si tiene hijos. Porque salvo el que se sacó la lotería encontrando una mujer comprensiva, que no se entrometa y que quiera a sus chicos, el resto debe padecer las zancadillas, caprichos y maldades de “la nueva”, que en muchos casos nada tiene que envidiarle a la madrastra de Cenicienta.
Pobre tipo. 
Él está convencido de que su flamante novia es la mar de dulzura porque le limpió los mocos al nene, y ella no ve la hora de que devuelva el monstruito inmundo para que la lleve al cine.
Él se enternece viendo como ella le lee un cuento al más chiquito, y ella se saltea un renglón porque está pensando cómo darle un somnífero para que se duerma de una buena vez.
Él piensa que encontró una segunda madre para sus hijos, y ella no ve la hora de tener sus propios hijos para desbancar a los de él.
Así somos de cínicas a veces, las mujeres...